Asocriip lleva un mensaje espiritual a los pacientes de la clínica del dolor

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), cuenta desde hace varios años con una red de control del dolor y cuidados paliativos.

Está compuesta de 45 clínicas en todo el país y se ha convertido en todo un modelo en América Latina, en virtud de que está comprobado, que es una plataforma que permite elevar la calidad de vida de esta población.

El objetivo de los cuidados paliativos es aliviar el dolor y paliar el sufrimiento físico y psicosocial  de los pacientes con enfermedades graves en fase avanzada, al tiempo que apoyar a los familiares y cuidadores.

Pero la CCSS, no deja la parte espiritual de lado, al contrario la incluye en su visión, de manera que permite que a los pacientes se les de consejería espiritual, por cuanto se entiende con claridad meridiana, que la fe es clave en la restauración de la salud.

Dando una mano de apoyo

Esmeralda Soto Céspedes, quien es miembro del grupo de apoyo en el Hospital Calderón Guardia, narró a Noti-Asocriip, su experiencia de ayudar a personas que reciben noticias muy duras y a quienes a veces, se les diagnostica una fase terminal.

Maritza Rodríguez, es la coordinadora espiritual del equipo que atiende ambas clínicas del dolor.

“Junto con doña Maritza Rodríguez y su hija Anabelle, hemos sido llamadas a colaborar en la Clínica del dolor del Calderón Guardia, ahí las autoridades de este centro hospitalario nos han dado un pequeño espacio con un escritorio, al cual le  pusimos un mantel, adornado lo mejor posible. También tenemos tratados bíblicos, separadores y unos versículos bíblicos con el tema de la sanidad, a los cuales les hemos puesto el nombre de ‘semillas’, eso es parte de lo que les ofrecemos. Pero lo más importante es que oramos por  cada paciente,  procurando que acepten a Jesús como Señor de sus vidas”, enfatizó doña Esmeralda.

Doña Esmeralda Soto, es parte del equipo de oración que visita la Clínica del dolor en el Calderón Guardia y el San Juan de Dios.

Ella explicó que durante los años que llevan realizando esta labor, han ganado a cientos de personas para Cristo, pero también siguen siendo testigos de las maravillas de Dios, con sanidades y milagros.

“Nuestro cubículo está a la par del consultorio médico, donde llaman a la gente para darle los diagnósticos. Desde que ellos están esperando, les decimos que cuando salgan, si lo tienen a bien, pasen donde nosotras para orar por ellos y la mayoría de las personas aceptan la asesoría espiritual. Sin duda el Señor ha usado esta plataforma para que los pacientes y sus familias conozcan el mensaje del evangelio”, afirmó doña Esmeralda.

Este equipo de doña Maritza, su hija y doña Esmeralda, también atienden la Clínica del dolor del Hospital San Juan de Dios, realizando la misma labor. 

De izquierda a derecha: Anabelle, (hija de doña Maritza), Maritza Rodríguez y Esmeralda Soto, en la Clínica del dolor del Calderón Guardia.

Comenzó viendo la sanidad en su padre

Doña Esmeralda Soto, comenzó viendo la mano sanadora de Dios en su propia casa, cuando a su padre se le hicieron llagas, por cuanto, siendo un adulto mayor, de edad muy avanzada, tenía que permanecer muchas horas acostado.

“Yo oraba por  él y le ponía mis manos en las llagas, pero cuál fue mi sorpresa que, cada vez que lo hacía, Dios lo sanaba. Entonces entendí que el Señor quería usarme en el área de la sanidad y cuando oraba por los enfermos en el Calderón Guardia, muchas veces el Espíritu Santo hacía milagros y eso fue aumentando mi fe”, recuerda doña Esmeralda.

Con el tiempo, le hablaron de que en el hospital ya existía un grupo de apoyo muy organizado de Asocriip y pronto se involucró con ellos.

Aceptó a Jesús en la acera

Esmeralda Soto, aceptó al Señor en su corazón en media acera, cuando después de pasar un momento difícil, un familiar suyo se la encontró en el centro de San José y le dijo que la mejor forma de pasar esa prueba que estaba viviendo, era con Jesús en su corazón y así lo hizo.

“Lo que nunca me imaginé, es que así como yo tuve esa experiencia, con el pasar de los años, he llevado a muchas personas al Señor, orando por ellas en la acera, igual que me pasó a mí”, recuerda doña Esmeralda, una evangelista personal, que le habla de Dios a toda persona que se encuentra en la calle.