Cuando orar por los enfermos se convierte en una pasión

Mirna Quintana Jáen entregó su vida a Jesús desde hace once años atrás. Todo comenzó por la desesperación que sentía al verse imposibilitada de bregar con los problemas que tenía con  sus hijos adolescentes.

“No encontraba solución en sicólogos, ni en consejeros, sentía que ya no podía más, entonces me hablaron del Señor, decidí entregar mi vida a Él y Dios que es tan misericordioso, me fue ayudando en forma paulatina. Tiempo después por agradecimiento, le pedí que pusiera en mi corazón una forma de servirle y Él puso una pasión extraordinaria en mi corazón y una compasión inmensa por los enfermos de los hospitales”, dice doña Mirna.

Ella piensa que muchas veces los cristianos nos la pasamos preocupándonos por nosotros mismos, pero que no nos damos cuenta que al servir a Dios, uno está sembrando, tiempo y talento, por lo tanto, el cielo compensará esto en algún momento.

“Un día los líderes de la red de mujeres de mi congregación me dijeron  que me encargara del proyecto de la visitación de enfermos y me gustó la idea, porque ya Dios estaba tratando conmigo en ese sentido . Por lo tanto, le pedí al Espíritu Santo su ayuda, porque no sabía qué hacer. Entonces junto con otras hermanas comencé a ir a los hospitales a la hora de las visitas y en la entrada, ahí repartíamos tratados. Lo mismo hacíamos en el área de emergencias, hasta que un día alguien nos habló de Asocriip y nos pusimos en contacto con ellos y desde entonces aquí estamos”, acotó doña Mirna.

Ella expresa sentirse muy satisfecha con este llamado de Dios, el cual han unido al ministerio de Asocriip, que es reconocido por las autoridades de la Caja de Seguro Social.