El sábado primero de agosto, tendremos una cita de clamor por Costa Rica y también será una fecha de agradecimiento a Dios por habernos ayudado con su protección y cobertura en este proceso tan duro del COVID-19.

Esto lo decimos porque hemos visto su misericordia sobre nuestro país, que siendo una nación en vías de desarrollo que no tiene una infraestructura de seguridad social tan desarrollada y costosa como las grandes potencias, vamos pasando la prueba.

Aunque sabemos que no se puede bajar la guardia, no solo en cuanto a cumplir con los protocolos de salud, sino también en no dejar de clamar a nuestro Señor Jesucristo.

En esta tradicional actividad del “Día de ayuno y oración”, regularmente se dedica un segmento para bendecir a los funcionarios y a nuestro personal de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), pero este año, lo haremos con mucho más ahínco y fuerza, porque ellos han dado lo mejor de sus vocaciones al estar al frente de esta batalla.

Además, oraremos con firmeza para que de alguna manera se logren recursos económicos para fortalecer a la CCSS, cuyos gastos extraordinarios producto de esta pandemia, la ha afectado en demasía.

También es imperativo orar por la economía de Costa Rica, que está quedando muy golpeada debido a este tiempo de crisis, que todavía no ha pasado y que no sabemos cuanto tiempo durará.

Sin duda, nunca la Iglesia ha tenido que doblar más sus rodillas que durante esta crisis, donde también mucha gente no creyente ha mirado al cielo, pidiendo misericordia, al igual que lo han hecho algunos presidentes de varios países.

Todo obra para bien, aunque ahora no podamos entenderlo. Seguimos clamando a nuestro Dios y esperamos con alegría, que llegue este sábado primero de agosto.

Durante el día de oración, se clama por Costa Rica, por su economía, sus líderes gubernamentales y por los funcionarios de la CCSS, entre otros motivos. Siempre ha sido así.