Por: Katie Maxell / Traducción. Nelda B. de Gaydou l Editorial Mundo Hispano/ Extracto tomado del libro “Orientaciones prácticas para visitar enfermos”.

 Estuve…enfermo, y me visitasteis…De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mateo 25:36, 40).

La enfermedad es una crisis física, emocional y espiritual. Afecta no solo a la persona enferma o herida sino también a todas aquellas relacionadas con el paciente. Durante los momentos de crisis, la gente puede crecer a raíz de la experiencia o sufrir como resultado de ella.

Nuestra respuesta al paciente que está sufriendo durante este momento de crisis puede determinar la dirección de la reacción. Podemos caminar a su lado, no tratando de quitar su dolor sino más bien tratando de confortar. Alden Sproull, víctima de cáncer, dijo: “Aquellos que ministran se convierten en coperegrinos de las experiencias más íntimas y desafiantes de la vida.”

Cuando uno visita a los enfermos, está comunicando su solicitud haciéndoles ver que no están solos. Necesitamos saber que otros se preocupan por nosotros. El hecho de acompañar a un amigo o a un ser querido en este peregrinaje a veces atemorizante, implica mucho más que una conversación superficial o una sesión para levantar el ánimo. Exige el compromiso mucho más profundo de relacionarnos con sus ansiedades, temores y esperanzas. La visitación requiere práctica y paciencia.

Es cierto que algunas personas parecen tener una habilidad innata para ayudar a los demás, pero nuestras habilidades, por pocas que sean, pueden aumentar por medio de la percepción, la educación y la participación. Todos podemos desarrollar nuestras habilidades en esta área para ayudar a los que sufren.

El momento de la visita al enfermo no debe usarse para el proselitismo, y el visitador, como confortador, no debe convertir la habitación del paciente en un campo misionero. La habilidad de distinguir entre lo espiritual y lo religioso es esencial para confortar eficazmente al enfermo.

Como visitador, la preocupación es por el bienestar espiritual del paciente. Esto tiene que ver con las experiencias íntimas y personales de la vida. La meta es entrar al mundo del paciente y responder con sentimiento. Permitir que las personas expresen sus temores acerca de su enfermedad y caminar con ellas mientras cuestionan el propósito de Dios que es un viaje espiritual.

La religión, por otra parte, se fija más en la expresión externa de esas creencias espirituales. Ministrar a un paciente es una función religiosa, pero aunque la doctrina y el dogma pueden ser importantes para el paciente y pueden tener su lugar en la visitación, no deben recibir el mayor énfasis. El interés principal del visitador cristiano debe ser identificar las preocupaciones espirituales íntimas.

¿CÓMO LOGRARLO?

Prepárese

Antes de la visita, tome un momento para poner en orden sus pensamientos. Puede ser camino al hospital o en la capilla. Use esos momentos para excluir todo lo demás. Concéntrese en el propósito de su visita. Ore. Pida que su presencia le muestre al paciente que siente solicitud por él, y que Dios también la siente.

Esté presente

Esto no significa solo estar en la misma habitación. Concéntrese en el paciente ciento por ciento. Mientras está con él, él debe ser su interés principal, no para siempre, pero sí en ese momento. A lo mejor tendrá que hacer un esfuerzo para lograrlo. No piense en lo que va a hacer cuando se vaya o en lo que hizo antes de llegar. Esté presente con su concentración y atención absolutas.

Sea receptivo

Acepte a la gente como la encuentra, cualquiera sea su estado de ánimo. Escuche lo que tiene para decir sin juzgarla. Pueden surgir un sinnúmero de sentimientos en el momento de su visita: enojo, frustración, temor, desesperanza. Al no juzgarla con sus palabras ni sus gestos, se le hace saber que puede confiar en uno sin temor. El instante en que uno comienza a criticar o a invalidar estos sentimientos reales es el instante que invita el rechazo y las respuestas falsas.

Esté tranquilo

Escuche; no busque respuestas. La mayoría de las personas no esperan que uno solucione nada. Están buscando sus propias soluciones y respuestas. Solo necesitan a alguien en quien puedan confiar para compartir mientras buscan alguna solución. Dada la oportunidad, encontrarán sus propias respuestas.

Sea sensible a sus necesidades y condición

Lea entre líneas lo que la persona está diciendo. Trate de captar el tema subyacente de sus expresiones. Un ejemplo podría ser que el paciente dijera: “Es que no quiero ser una carga para nadie.” Su respuesta podría ser: “¿Tiene miedo de que su enfermedad no le permita hacer todas las cosas que hacía antes?” Al hacer preguntas abiertas como ésta, se le permite al enfermo explayarse sobre el tema y compartir sus temores y esperanzas.

Un paciente con el cual trabajé siempre me decía que no me necesitaba por el momento, pero a lo mejor más tarde sí. Después de la tercera vez que terminó la visita con esta frase le pregunté qué tendría que pasar para que me necesitara. Me contestó que, tendría que enterarse de que se estaba muriendo o algo así. Eso me dio la oportunidad para preguntarle si pensaba que eso podría llegar a suceder. De repente, nuestro intercambio superficial de cortesías se transformó en una conversación sobre su temor a la muerte.

Sea humano

Admita que no tiene todas las respuestas. Diga: “Yo tampoco entiendo por qué le está sucediendo esto.” Comparta el hecho que de vez en cuando usted también tiene temores y dudas. Identifíquese cuanto pueda con los sentimientos del enfermo. Lo cual no significa decir: “Sé exactamente lo que estás sintiendo.” Porque todos somos personas distintas con pasados distintos, es imposible que cualquiera de nosotros sepa exactamente lo que otro siente. Pero es valedero decir: “Yo también alguna vez me he sentido abandonado por Dios.”

Apoye

Como visita, su objetivo es dejar al paciente mejor de lo que lo encontró. Procure dejarlo bien. Una de las mejores maneras en que podemos ayudar a los enfermos es dándoles ánimo.

Guarde silencio

No hace falta llenar todos los silencios con palabrerío. En algunos casos, ni siquiera hace falta conversar. Con frecuencia, cuando se guarda silencio, el paciente comienza a hablar acerca de lo que realmente está ocurriendo dentro suyo. Aprenda a sentirse cómodo con estos momentos especiales de silencio. Tomar la mano de la persona puede comunicar mucho más que cualquier palabra que se exprese. Las excepciones a la regla del silencio son los niños o las personas mayores que sienten intensa ansiedad. Para ellos el silencio puede resultar amenazante. Pero en general, permita que el silencio sea su amigo: lo que vale es su presencia.

 Simpatice

El mensaje que quiere comunicar es: “Estoy aquí para acompañarle a dondequiera que vaya.” Hágase una imagen mental de estar caminando junto al paciente con una mano extendida para ayudarle si tropieza. Sienta con él. Identifíquese con él poniéndose en su lugar. Sin embargo, manténgase objetivo para poder sostenerlo.

Sea compasivo

Comunique su solicitud no solo por lo que dice sino también por medio de sus gestos al estar dispuesto a acercarse y tocar al enfermo. Haga contacto visual. Incline su oído hacia el paciente. No arquee las cejas ni frunza el ceño cuando está en desacuerdo con algo de lo dicho. Es importante comunicar ternura y tolerancia.

Sea auténtico

El enfermo tiene suficientes problemas sin tener que tratar de entenderlo a uno. Evite la tensión de ser un extraño. Adáptese a la situación. Por ejemplo, hay momentos en los cuales se aprecia el humor. Si tiene un buen sentido del humor, compártalo en el momento apropiado.

Sea altruista

Ocúpese de las necesidades del paciente, no de las suyas. Es posible que el paciente no quiera lo que uno lo ofrece en un momento dado. Muchas buenas intenciones se descarrían porque la visita quiere hacer algo. Muy a menudo, el paciente solo necesita que uno esté presente, en vez de que haga algo. Averigüe lo que necesita el paciente y reaccione en base a ello. Con demasiada frecuencia son las visitas las que necesitan aliviar su conciencia. Buscan el perdón del paciente por descuidos y omisiones pasadas.

Una paciente me contó que nunca ve a su hijo (que vive a menos de dos kilómetros de ella) hasta que está internada. Entonces viene y se queda con ella todo el día, impidiendo que tome el descanso que tanto necesita.

Sea positivo

Hay suficientes experiencias negativas alrededor del paciente. Necesita que sus visitas tengan una actitud positiva. Borre las palabras negativas de su vocabulario. Deje de pensar que un diagnóstico de cáncer es una sentencia de muerte o que una apoplejía significa que el paciente jamás podrá volver a valerse por sí mismo.

Esté dispuesto a involucrarse

Arriésguese. Dé algo de usted a cada persona que visita.

 Respete las creencias de los pacientes

Esto no significa que debe ignorar o darle poca importancia a las suyas propias. Significa que no tratará de forzarlas en los que no concuerdan. Si la persona en cuestión es amiga, habrá otra oportunidad para compartir sus creencias y sus opiniones; este no es el momento oportuno. Si la persona en cuestión solo tiene una relación casual con uno, hay que confiar en que otro tendrá las palabras y la sabiduría para compartir la verdad en el momento oportuno.

Tenga cuidado de usar las Escrituras en forma apropiada

No use la lectura de las Escrituras como oportunidad para emitir juicio. En vez de comunicar condenación, los versículos que comparta deben estar llenos de esperanza y aliento. Muchos de los pacientes no tendrán la energía necesaria para asimilar lecturas largas, así que conviene elegir algunos pasajes cortos. Pregúntele al paciente si quiere que se le lea de las Escrituras antes de hacerlo. A lo mejor no es un buen momento para el enfermo.

Esté preparado para orar cuando se le da permiso para hacerlo

No use este momento para dar un minisermón. Es tentador pedirle al Señor las cosas que nosotros queremos para el paciente, a fin de que este lo escuche. Repase todo lo que se ha hablado.

Pregunte si hay cosas específicas acerca de las cuales el enfermo desea que se ore. Un paciente quería vivir el tiempo necesario para poner en orden sus asuntos personales. Otro quería una muerte tranquila. Estas son peticiones específicas que se pueden presentar a Dios por y con el paciente. Ore pidiendo valor para sobrellevar la situación, entendimiento y aceptación del plan de Dios.

Ore pidiendo fortaleza para la familia y demás seres queridos del paciente. Pida que el equipo médico tenga el conocimiento y la compasión para hacer la mejor tarea posible. Ore pidiendo paz, tranquilidad y sanidad para los sentimientos, el espíritu y el cuerpo. De gracias a Dios.