Quien dice esa frase se llama Paula Ortiz Segura, a quien le correspondió volver al Hospital Calderón Guardia, lugar donde hace dos años vio morir a su esposo, producto de una enfermedad. Ella vivió esa dura prueba junto con sus hijos Isabel y Dylan, dolor que todavía está muy fresco en su memoria.

“Pero después de esa etapa tan fuerte, el Señor ha venido consolando nuestro corazón y lo que menos esperaba, fue que el Espíritu Santo me pidiera colaborar con el grupo de oración de este centro hospitalario, algo que ha sido una linda experiencia”, afirmó Paula.

Ella comentó, que es hermoso percibir la cara que ponen los pacientes, cuando  entran a los salones y les dicen “que si desean que oren por ellos”.

“Uno va aprendiendo que es Dios el que opera, que sencillamente somos instrumentos en sus manos y la alegría es mucha, cuando vemos resultados de milagros y sanidades”, dice nuestra entrevistada.

Paula, quien asiste a la iglesia Bíblica Bautista de Hatillo 2, se convirtió al Señor hace siete años, debido a que sentía un gran vacío en su corazón, que solo  Jesús  pudo llenar.