Katie Maxwell / Orientaciones Prácticas para visitar enfermos/ Editorial Mundo Hispano/

 Las personas de buen corazón pueden reunirse magnánimemente cerca de un lecho de muerte, pero no tienden a reunirse alrededor de una persona que no puede ni mejorar ni morir (KATHRYN LINDSKOOG— escritora, conferencista y víctima de esclerosis múltiple).

Las personas que sufren de enfermedades crónicas o largas, muchas veces están imposibilitadas para salir de casa y participar de las actividades que antes disfrutaban. Son prisioneros en su propio hogar. Es como un arresto domiciliario con el agravante de nunca sentirse bien físicamente. Los visitadores se desaniman por la cantidad de tiempo que hay que invertir en estas situaciones y frecuentemente descuidan al enfermo crónico.

Las personas con enfermedades largas descubren que el número de amigos va disminuyendo con el tiempo. Los amigos se aburren o se frustran. Los enfermos mismos se empiezan a sentir culpables por ocupar el tiempo ajeno así que poco a poco se van aislando y dejan de pedir ayuda y compañía.

Muchos prefieren privarse antes que molestar a amigos y conocidos, aun de su propia iglesia. En un caso de estos le estaba explicando a una anciana que no podía ir a verla hasta las quince horas porque tenía que buscar a mi hijo después de clase ese día. Ella dedujo que yo estaba demasiado ocupada para ir a verla. En seguida empezó a decir: “No se moleste. No quiero que se complique la vida. No importa si no puede venir hoy.” Es fácil olvidar a los enfermos crónicos porque rara vez piden ayuda.

Sin el cuidado de otras personas, vegetan cuando todavía podrían llevar una vida productiva. No hay que convertir en inválidos a personas que pueden hacer algunas cosas por sí mismas. Una de las metas principales del visitador de enfermos crónicos es ayudarles a encontrar los recursos disponibles para facilitarles la mayor actividad y producción posibles.

Esto podría lograrse adquiriendo algún equipo o servicios especiales. Por ejemplo: conseguir un horno de microondas para que se puedan preparar sus propias comidas; alquilar una silla de ruedas eléctrica para que tengan movilidad en la casa; ponerse en contacto con un servicio de viandas a domicilio; conseguir a alguien que haga la limpieza periódicamente; hacer instalar amplificadores especiales en los teléfonos para que puedan conversar cómodamente.

Cualquiera sea el plan, la meta debe ser apoyar los esfuerzos del enfermo crónico para que sea los más independiente que pueda. Esto concuerda con la filosofía de: “Dales un pescado y comerán hoy. Enséñales a pescar y se alimentarán solos mañana.” Una vez que la persona ve que puede ser útil, siente que tiene un lugar en este mundo.

Aunque tenga que cambiar de posición, todavía es parte del equipo. Empieza a sentirse que la necesitan. Los enfermos crónicos pueden ser un eslabón importante en la cadena de oración de la iglesia; a lo mejor pueden hacer algunas manualidades para algún proyecto de la iglesia, estar en una comisión de visitación vía telefónica, o llenar sobres y doblar boletines. Es importante que se sigan sintiendo parte de la congregación.

Muchas veces he oído el siguiente comentario: “Ya no tengo una iglesia. Solía ser ‘tal y tal’, pero empecé a andar mal de salud y no he podido ir por mucho tiempo.” Los enfermos crónicos que dicen esto sienten que ya no pertenecen a la familia de la iglesia, justo cuando más necesitan ese amor y ese apoyo. ¡Qué triste! Tanto para los enfermos como para la familia de Cristo. Al principio los enfermos crónicos pueden ser reacios y estar llenos de excusas para no participar de nada. Sea insistente sin ser pesado. Siga volviendo y ofreciendo ayudarles a explorar las posibilidades de sus nuevas circunstancias. Ayúdeles a retomar el control de su propia vida de cualquier forma posible. Sea atento a sus necesidades. Haga preguntas abiertas: “¿Qué es lo que más le preocupa?” “¿En qué le puedo ayudar?” Después ayúdeles a resolver el problema con un plan de acción, y estimulándolos para llevar lo a cabo.

Es posible que existan grupos de apoyo con los cuales pueda ponerlos en contacto. Estos pueden ser de ayuda al hacerles saber que hay otros en circunstancias similares. Haga algunas llamadas y prepare una lista de grupos que pueden interesar a sus amigos. Anímelos a seguir aprendiendo. Hay una gran variedad de vídeos educacionales que enseñan todo tipo de cosas. Si el enfermo no ve lo suficientemente bien como para leer, hay audio casetes sobre casi cualquier tema. Aliente el desarrollo creativo a través del arte, la música, la escritura y las manualidades como la costura, el crochet, el tejido, el tallado, etc,

Un amigo mío sufrió una descarga eléctrica y como resultado perdió mucho del uso de sus extremidades. Después de un largo período de depresión, empezó un negocio de artículos de madera. Recorta las figuras con una sierra, las arma y su esposa las pinta. Nuevamente tiene un propósito.

¿Cómo puede ministrar a los enfermos crónicos?

Trate de discernir lo que el enfermo más necesita y después proceda según su descubrimiento. ¿Sólo necesita que lo acompañe y converse con él o necesita ayuda práctica? Tal vez necesite un poco de cada cosa. Considere las siguientes ideas: Haga visitas cortas pero frecuentes. Una visita de veinte minutos cada semana puede ser mucho más útil que una visita de una hora una vez por mes. Aunque las visitas espontáneas pueden ser divertidas, es mejor tener un horario fijo en el cual el enfermo le puede esperar.

De esta manera el enfermo puede esperar con anticipación y estar listo para compartir sus necesidades. Suplemente las visitas con llamadas telefónicas y cartitas alentadoras. Envíe una postal alegre cuando se va de vacaciones. Sólo le lleva cinco minutos hacerle saber al enfermo que está pensando en él aunque está ausente. Recuerde el objetivo de su visita. Si el objetivo es visitar al enfermo, no pase la mayor parte del tiempo charlando con los otros amigos o familiares que puedan estar presentes. Llévele el exterior. Reacomode los muebles para que pueda tener una vista exterior. Decore las paredes con escenas de la naturaleza.

Alegre la habitación con pintura o accesorios nuevos. Cada vez que visitaba a un joven parapléjico veía un póster turístico nuevo. Cuando le pregunté por ellos, me dijo que el médico se los regalaba. Siempre recuerde que usted es un huésped en la casa del enfermo.

Cumpla todo lo que ha prometido hacer. Cuídese de no prometer más de lo que pueda cumplir. Siempre trate de llevar algo. Algunas sugerencias son una flor de su jardín, un dibujo de su hijo o nieto, un bocado especial, muestras cosméticas que se pueden conseguir en las tiendas, el boletín de la iglesia, revistas, libros, casetes o discos.

De vez en cuando lleve niños. Suelen animar la conversación. Evite meterse en disputas y discusiones familiares. Es demasiado fácil perder la objetividad y, como consecuencia, el valor como observador imparcial Practique escuchar sin apuro. Si el enfermo está mucho tiempo solo, puede tener la tendencia de “hablar hasta por los codos”.

Pídale que le cuente acerca de épocas más alegres. Repase fotos viejas y pídale que le cuente acerca de las diferentes personas en su vida. Muéstrese alegre. Sonría. Manténgase al tanto de la última información acerca de la enfermedad o la condición del enfermo. El hecho de tomarse el tiempo para enterarse de la condición del enfermo demuestra mucha solicitud de parte suya. Sea generoso con los abrazos. Hay poder en el contacto.

Ofrezca llevar al enfermo al consultorio médico. Haga una lista de negocios que hacen reparto a domicilio: farmacias, almacenes, restaurantes, etc. Consiga una variedad de catálogos que le permitan al enfermo comprar artículos para sí mismo y para otros desde su hogar.

Póngale en contacto con otros enfermos crónicos que podrían beneficiarse por el contacto mutuo. Podrían entablar una amistad telefónica. En cuanto a trabajos prácticos, la lista podría ser mucho más larga de lo que uno puede hacer solo. Puede ser que el enfermo no tenga los recursos para pagar por los servicios que necesita.

Consiga a varios miembros de la iglesia para compartir el trabajo. Un equipo podría ir dos veces al mes para hacer una limpieza general, para cambiar las sábanas, lavar la ropa, limpiar el baño, pasar la aspiradora, pasar el plumero, etc. Hay tareas que un adolescente podría hacer, como cortar el césped y podar los arbustos.

Con el trabajo de equipo, el tiempo que cada persona tendría que dedicar sería mínimo. Ya que los enfermos crónicos necesitan cuidado a largo plazo es importante medirse en las visitas. Si se sobrecompromete  o se cansa, no va a ayudar a nadie. Recuerde la historia de la tortuga segura y constante. Sea amigo a largo plazo y sus esfuerzos serán más apreciados.