La enfermedad de Hodgkin, es un tipo de linfoma o cáncer en una parte del sistema inmunitario linfático.

Fue precisamente ese tipo de cáncer,  que no es operable, con el que tuvo que enfrentarse Juanita Oviedo Prendas, quien desde hace una década ocupa el cargo de jefa de enfermería del área de Salud de Goicoechea 1.

Ella cuenta con 27 años de laborar para la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), ya que trabajó para dos centros hospitalarios anteriormente.

La batalla contra el cáncer

Doña Juanita pertenecía a la junta directiva de Asocriip, cuando comenzó a presentar los primeros síntomas del quebranto en su salud.

Por tal motivo, decidió renunciar a su puesto para iniciar una larga faena hasta encontrar el diagnóstico de lo que realmente tenía.

Fue el doctor Juan Jaramillo Antillón, quien dio con la enfermedad en forma certera, ya que nadie lo lograba.

“Cuando yo recibí el diagnóstico por correo, tenía dos opciones, entrar en un estado depresivo  o enfrentarme a la enfermedad en el nombre de Jesús y opté por esta segunda opción. Entonces le hablé al reporte como si fuera algo vivo y le dije ‘eres una realidad, no voy a cuestionar tu existencia, pero ten presente que nada es imposible para Dios y que Jesús es superior que tu’, así que decidí someterme obedientemente a todo, esperando tener una victoria al final”, cuenta doña Juanita.

Después vino el proceso de quimio y radioterapia, algo demasiado duro para cualquiera que tenga que pasar por eso.

“Ese tiempo de quimioterapia, me deterioró y sobre todo acabó con tres áreas de mi vida de las cuales yo siempre me sentí orgullosa. Primero, la abundante cabellera que tenía, segundo, mi piel blanca que tanto cuidaba y tercero, mi silueta. Después de este proceso, mi pelo se cayó, mi piel quedó manchada y se acabó mi silueta. Perdí esas partes tan estimadas de mi cuerpo, pero gané en vida espiritual, porque salí fortalecida en mi relación con Dios, después de esa larga y dura prueba”, recuerda nuestra entrevistada.

Fueron 22 ciclos en total de quimio y radioterapia, a los que se sometía cada 15 días, donde Juanita Oviedo hizo un voto de silencio, procurando no quejarse ante Dios y haciendo abandono de todo su conocimiento de salud deparado por sus años de academia. Ahora se convertía en una paciente más en la fila habitual de los centros hospitalarios.

“Dios puso su mano en mi cuerpo y me siento agradecida con Él, hoy estoy completamente sana y volví a mi puesto de trabajo. No digo que el “fantasma” de las secuelas no me persigue, pero si afirmo con vehemencia, que cuando viene, lo pongo delante del altar de Dios”, enfatizó doña Juanita a Noti-Asocriip.

Ahora en tiempos de pandemia, algunos le han dicho que es una persona vulnerable y que debería irse a su casa, pero ella no acepta esas palabras y más bien, confiesa que  está completamente sana, por lo cual no permite que se le incluya entre el sector vulnerable del Covid-19.

Juanita Oviedo:”Me siento agradecida con mi Señor”.

Aferrada a Dios

Doña Juanita se mantuvo aferrada al Altísimo, el conocimiento de la Escritura Sagrada obtenido en la humilde escuela dominical de las fincas bananeras de la Zona Sur cuando tan sola era una niña, le daba fuerzas, por cuanto la Palabra no regresa vacía y en tiempos de prueba es cuando florece lo aprendido.

Ella recuerda que a los seis años la suegra de su hermana mayor, doña Amaparo Navarrete, la comenzó a llevar a los primeros cultos que se hacían en aquella región, casi todos eran en las viejas carpas que se usaban en esos tiempos para realizar campañas evangelísticas.

Fue en una de esas reuniones que ella recibió al Señor en su corazón y luego sus padres don Edwin Oviedo y doña Regina Prendas, también abrazaron el evangelio, así como sus otros siete hermanos.

Su sueño era ser enfermera

Desde muy joven, Juanita quería ser enfermera y era su meta para cuando fuera grande.

Así estudió su primaria en la Zona Sur del país y parte de la secundaria la vino a concluir en San José, allá por la década de los ochenta, aprovechando que su hermana mayor María Isabel Oviedo y su esposo Asdrúbal Mendoza se vinieron a vivir a la capital.

Para  el año 93  logró ingresar al área administrativa de la CCSS, al tiempo que continuaba sus  estudios de enfermería a nivel universitario.

Posteriormente ingresó a laborar al Hospital Psiquiátrico y fue ahí donde se afilió a Asocriip, después de que Dinia Campos, una compañera, le habló de esta asociación.

Una que vez que fue trasladada al área de Salud de Goicoechea, conoció a don Raúl Gómez Vasconcelos, quien fue el que la recomendó para ocupar un puesto en el directorio de la junta directiva de Asocriip.