Por Eduardo Baldares / Tomado de la revista “Bienestar” de la CCSS / Edición 44, dedicada a la Rehabilitación / Fotografía : Jorge Navarro / Ronald Pérez /

Ernesto, ¿qué es lo que más le molesta de su condición actual?

Agacha la cabeza. Estruja los párpados. Se demora un par de segundos. Entreabre los ojos y frunce el ceño. Nos preparamos para una respuesta dura, pero no. Es blanda como su corazón de optimista: “Lo que más me enoja es que la gente se estacione en los lugares para discapacitados en los supermercados. Es una falta de consideración y los guardas deberían fijarse más en eso.

En Estados Unidos, no pasa tan a menudo como aquí”. Además, le molestan los “vivazos” del volante, tan abundantes en Costa Rica. “Lobito” no se queja de su tetraplejia. No se estancó en la caída del 7 de marzo de 2006, en su pista personal en Murrieta, California, que lo tiene en silla de ruedas, inmovilizado del pecho para abajo y con limitaciones en sus manos.

El legendario corredor de motocross acepta su condición personal como un reto más, siempre en busca de la bandera de cuadros. Sigue adelante, menos acelerado que antes, pero motivado.

Recibió a un equipo de Bienestar en la residencia de sus papás, en San Pablo de Heredia, el pasado jueves 8 de noviembre a las 10 de la mañana, donde lo encontramos sonriente en plena rutina de rehabilitación. Usted siempre habla de la importancia de ser positivo.

¿En cuáles aspectos puntuales de la vida ha mejorado Ernesto Fonseca después del accidente?

“Antes llevaba un estilo de vida frenético, a toda velocidad, que era como estar metido en una carrera. Evidentemente, después del accidente, todo cambió. Ahora, todo es más reposado, me he vuelto más paciente y aprecio pequeños detalles que quizás antes me pasaban desapercibidos.

Infografía: Archivo Grupo Nación.

¿Estaba asegurado al momento del accidente?

“Sí, claro. Gracias a Dios, tuve esa precaución y es algo que le recomiendo a todos los deportistas, principalmente si hacen una actividad que conlleva algún riesgo, como en el caso mío”.

¿La escudería para la que corría lo aseguró o lo hizo por cuenta propia?

“Lo hice por cuenta propia con la compañía Blue Cross de California. No recuerdo cuánto pagaba por mes, pero sí que me ayudó muchísimo. Con la tranquilidad de tener cubiertos los gastos médicos, me concentré exclusivamente en recuperarme lo mejor posible, sin preocupaciones económicas”.

¿Dónde pasó la primera etapa de su recuperación?

“Estuve varias semanas en el Hospital General de Riverside. Ahí, me operaron de las cervicales. Luego, pasé al Hospital de Craig, en Colorado. Después, me quedé en mi casa de Estados Unidos, pero ahora paso la mayor parte del tiempo en Costa Rica, en casa de mis papás”.

¿Cuándo fue recuperando alguna movilidad?

“Bueno, al puro principio no podía ni respirar por mí mismo; necesitaba una máquina. Como tenía una traqueotomía, tampoco podía hablar. De hecho, duré como tres meses sin poder comunicarme normalmente. Fue muy duro”.

Superada esa etapa, ¿cuáles partes del cuerpo podía mover y cuánto ha evolucionado?

“Estoy parecido, pero más fuerte. No tengo movilidad del pecho hacia abajo, pero he fortalecido mis brazos”.

¿Cuánto más podría evolucionar en su recuperación?

“En realidad, no lo sé. Trato de mantenerme en buena forma física, por si en algún momento surge un avance importante en células madre, biotecnología o algún otro método. Sin embargo, procuro no pensar tanto en eso, sino en mantenerme bien, así como estoy”.

¿Sigue siendo muy deportista?

“Sí, claro. Hago pesas con la ayuda de unos guantes adaptados y he corrido un par de competencias en un triciclo especial. Soy muy competitivo y quiero prepararme más para mantenerme activo. Estoy esperando un triciclo diseñado para mí”.

¿Cuáles características tiene ese vehículo?

“Es para pedalear con los brazos, pero lo ideal es que se adapte en sus demás implementos a mi cuerpo”.

Además del esfuerzo físico, ¿cuán importante es el apoyo psicológico y el espiritual durante el proceso? “Los respeto, pero, en mi caso, no los he necesitado mucho.

 ¿Qué es lo más difícil de afrontar?

“Antes, era muy independiente; ahora, necesito ayuda para casi todo, pero lo asumo bien. Tengo una muchacha que me asiste. Además, por dicha, en Costa Rica,  la gente es muy amable y me facilita las cosas”.

¿Lleva algún régimen especial de alimentación e hidratación? ¿Qué recomienda sobre estos aspectos?

“Así como especial, no, pero sí me cuido. Como competí al más alto nivel en mi deporte, aprendí muchísimo sobre cómo comer e hidratarme, así que procuro estar en muy buenas condiciones. Me alimento sanamente y me hidrato como debe ser”.

¿Ha incursionado en el campo de la motivación para otras personas?

“Es algo que me gusta mucho, principalmente con niños. Ellos son muy receptivos, lo absorben todo; es una motivación muy grande saber que se les puede inculcar el gusto por la vida y hacerles saber que los sueños se pueden lograr”.

Profesionalmente, ¿a qué se dedica en la actualidad?

“Al mercadeo y la distribución, con la marca Troy Lee Designs, que hace ropa casual y diseños para quienes practican y siguen el motocross, en Costa Rica y en Estados Unidos. Sigo ligado al deporte allá, porque veo carreras y ayudo en la detección de talentos. Tengo propiedades allá y viajo constantemente”.

¿Le va bien?

“Gracias a Dios, sí. No me puedo quejar. Y, además, mantengo el patrocinio de Oakley (marca de gafas)”.

¿Cuáles son sus metas a futuro? “

Ahora, debido a la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, me queda difícil vender allá, así que tendré que esperar un poco. Por dicha, me he vuelto más paciente, pero en algún momento sí me gustaría estar ya radicado totalmente en Costa Rica”.