“El Buen Samaritano”, es un ministerio muy sui géneris, por cuanto su función es darle un cafecito y un sándwich a los familiares de los pacientes que esperan en el área de urgencias del hospital San Francisco de Asís, de Grecia.

Todo comenzó un día en que la pastora Francella Chaverri Ramírez, tuvo que ir al hospital por una situación de salud y mientras permanecía en al área de emergencias, ella y su esposo Óscar Rodríguez, hicieron amistad con una persona que esperaba a un familiar.

Pronto percibieron que por el tiempo tan prolongado de estar allí, aquella persona ya tenía hambre, con el agravante de que no contaba con dinero para comprar un café.

Entonces don Óscar, caminó hacia la soda más cercana y le compró un cafecito con su emparedado y fue cuando el Espíritu de Dios le habló a la pastora y le dijo, “ustedes están tan cerca de aquí y no lo hacen”.

Esa frase le siguió dando “vuelta” en la mente de doña Francella, por cuanto no la entendió y lo mejor que podía hacer era orar para pedir dirección al Señor.

La respuesta del Cielo no se hizo esperar, Dios fue claro con el proyecto, le pedía a la pastora y a su pequeño rebaño de aproximadamente 50 personas, que levantara un ministerio para darle merienda a los familiares de los pacientes que esperan en urgencias.

Café y pan, repartidos en forma muy higiénica.

Acto seguido, la pastora Francella fue a hablar con el administrador del hospital para contarle la visión y cual fue su sorpresa que le aprobaron el proyecto.

Ahora, el otro paso era solicitar apoyo  a la congregación, aquel pequeño rebaño llamado “La Promesa”, cuyo eslogan “una generación valiente”,  tenía la oportunidad de demostrar que tan valientes eran para enfrentar este desafío.

Pero un grupo de 15 personas  dijeron sí a este magno proyecto.

Por supuesto estaba la inquietud de, ¿por qué Dios le encargaba este plan a una pequeña iglesia, con pocos recursos y no a una congregación grande de muchos ingresos económicos?

Seguramente además del tema de la soberanía de Dios, al mejor estilo de Gedeón, la respuesta era que para el Señor, lo mismo son pocos, que muchos.

Así fue como aquel pequeño rebaño de “La Promesa”, ubicada a unas cuantas cuadras del hospital, iniciaba este ministerio, sin saber de dónde vendría el dinero para regalar cafecito a tanta gente, todos los viernes en la noche.

Llevando un café y alimento a los familiares y pacientes.

Manos a la obra

El primer día llevaron  una pequeña mesita que se colocó afuera de urgencias, con termos cargados de café, chocolate, además de sándwich y galletas.

Aquella oferta, fue toda una bendición para las personas que esperaban para ser atendidos y para sus familiares. Esa noche fue un rotundo éxito.

Pero pronto se dieron cuenta que los padres de los niños que estaban en pediatría, también querían disfrutar de aquella merienda y comenzaron a llevarles café y alimento.

Esta labor ministerial se realizó por cuatro años y medio.

La demanda creció para el área de mujeres y varones, alcanzaba hasta para los guardas de seguridad,  el personal del hospital, en fin… aquello era como la multiplicación de los panes y los peces.

La necesidad cada día se hacía mayor y los viernes se llevaban hasta 130 sándwich, con su respetivo café, chocolate y hasta té especial para diabéticos.

Alistando los sándwich para ser distribuidos en el hospital.

Orando por los enfermos

Con el tiempo, en medio del cafecito y el alimento, al ver la angustia de la gente, se le preguntaba a los pacientes y a sus familiares si permitían que oraran por ellos y fue cuando comenzaron a darse cuenta que detrás de este ministerio, Dios también tenía otros planes, el llevar la Palabra de ánimo y consuelo al necesitado, en momentos tan necesarios.

Luego la gente les facilitaba los números telefónicos y seguían en contacto con ellos, para seguir orando y la relación se fue haciendo muy sólida entre “El Buen Samaritano”, los pacientes y al mismo tiempo con el personal de la institución, a quienes se les dio un excelente testimonio.

Preparando los vasos con café.

Conociendo sobre Asocriip

El equipo humano y uniformado del “El Buen Samaritano”, vestido de blanco y logotipo verde, tiempo después era como parte del hospital San Francisco de Asís, de manera que ellos entraban y salían de aquel lugar sin permiso alguno, ni credenciales.

Fue cuando alguien les habló de Asocriip y entonces decidieron afiliarse al grupo de apoyo local, para así tener un mayor respaldo.

Personal uniformado y con todas las normas de higiene necesarias.

La pandemia no los detendrá

Todo iba muy bien hasta que vino la pandemia y la sentencia humana fue que “El Buen Samaritano”, no podría regresar nunca más al hospital, por el tema del Covid-19.

La noticia produjo tristeza, cuatro años y medio de servicio, se detenían por culpa de la pandemia.

Sin embargo, la iglesia no ha dejado de clamar a Dios por el ministerio, los empleados, el personal y los pacientes del hospital.

De pronto una luz de esperanza se encendió, la posibilidad de colocar un pequeño food trailer en la calle para seguir repartiendo el cafecito, algo que muy pronto estará al servicio de los necesitados de “El Buen Samaritano”, guardando las normas del protocolo del Ministerio de Salud… porque la pandemia no los detendrá.

En preparativos para iniciar la distribución de alimentos.