Don Raúl Gómez Vasconcelos exfiscal de la Junta Directiva de Asocriip, cumplió el 24 de junio pasado, (en compañía de doña Margarita Medina, su esposa) 42 años de matrimonio.

“Nos casó el padre Sergio Valverde en una pequeña parroquia de la iglesia Barrio Cristo Rey y ahí comenzó una larga trayectoria matrimonial. Margarita ha sido una gran bendición para mi vida”, enfatizó don Raúl a Noti-Asocriip.

De este matrimonio nació solo un hijo, Raúl Gómez Medina, que es todo un milagro, por cuanto una anomalía en el útero de doña Margarita, casi provoca que naciera en forma prematura, lo cual creó mucha tensión en el seno familiar. Máxime que anteriormente ya ella había tenido dos abortos.

De La Gloria a la CCSS

Don Raúl comenzó laborando en la tienda La Gloria, en el área de decoración, era un experto en decorar ventanas y todo lo relacionado con este campo.

Fue en aquel tiempo, allá por el año 1977 -en que parte de esta tienda se quemó- cuando decidió hacer gestiones para  laborar con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Tuvo la bendición de ingresar a la Clínica Ricardo Jiménez Núñez, de Guadalupe, después de ganar los exámenes correspondientes que por requerimiento se solicita a cada eventual empleado público.

Ahí estuvo por un tiempo y luego se trasladó al Hospital México por un período, para volver en 1980 a esta Clínica de Guadalupe, pero en calidad de jefe de archivo.

Este lugar trabajó por largos años, hasta que llegó a pensionarse. Actualmente tiene 67 años.

Don Raúl y doña Margarita en una actividad de Asocriip.

Su experiencia espiritual

Raúl Gómez Vasconcelos, era llamado por sus amigos como “Vasco”, en relación a su extraño segundo apellido, nada común en Costa Rica.

A propósito, el origen del mismo es portugués, luego se extendió a Galicia y de ahí al continente americano.

Su vida en familia era ejemplar, pero solo de lunes a jueves. A partir del viernes era como “un chico soltero”, que pasaba el fin de semana con sus amigos, “disfrutando” del licor, mujeres y todo lo que el mundo le ofrecía.

Esta fue su rutina durante años, con el consecuente dolor para su esposa, que sufría en silencio.

Pero por esas cosas divinas, Raúl su hijo, se convirtió al evangelio y la luz de Dios ingresó a ese hogar.

“Junior”, oraba por su padre a toda hora, esperando un milagro del Cielo en cualquier momento.

Pero en ese proceso de clamor y de llevar la Palabra de Dios al hogar, quien primero se entregó a Cristo fue doña Margarita, lo cual significó que ahora eran dos oraciones en lugar de una, pidiendo siempre por algo que parecía imposible, la conversión de don Raúl, que seguía con su vida de “pachanga” los fines de semana.

“Un día llegué yo borracho como a las dos de la mañana y escuché a alguien sollozando, me acerqué al cuarto de mi hijo y era él que clamaba a Dios, me dijo que estaba orando y yo no le hice caso, seguí hacia mi dormitorio”, recuerda don Raúl.

Esa escena se repetiría una y otra vez, hasta que ya comenzó a molestarse de ver que el muchacho estaba trasnochando.

“Ya me tenés aburrido, quiero saber a dónde vas vos y ver qué es lo que te están haciendo en esa iglesia, porque no tenés tranquilidad, ni estás durmiendo bien, le dije una madrugada que llegué y lo encontré orando otra vez”, dice nuestro entrevistado.

Entonces el domingo siguiente, decidió acompañarlos a la iglesia del Movimiento Misionero Mundial, de Paso Ancho.

La sorpresa fue que había una campaña evangelística y el predicador comenzó a hablar lo que Dios le había puesto en el corazón, pero don Raúl pensó que alguien le había contado al evangelista sobre su vida.

“Parecía que me estaba hablando solo a mi, todo lo que decía era como una película resumida de mi propia vida, estaba seguro que mi hijo le había adelantado detalles. Pero luego me di cuenta de que no era así y que Dios me estaba hablando”, enfatizó.

Cuando hicieron el llamado, don Raúl pasó adelante, pero a la mitad del pasillo, pensó que no iba a lograrlo por cuanto el licor era algo demasiado fuerte en él y no tenía fuerzas para dejarlo.

“Le dije al Señor, yo paso adelante a recibirte con una condición, que cuando me den ganas de tomar, yo sienta asco. Y  oí una voz que me dijo, ‘yo soy un Dios de pactos’ y eso me asustó, entonces decidí seguir y hacer la profesión de fe, lo cual alegró en demasía a mi hijo y mi esposa”, dice don Raúl Gómez.

La prueba de fuego

Todo iba muy bien en el proceso de conversión de don Raúl, pero un día al bajarse del bus, muy cerca de su casa, lo vieron unos amigos que estaban en el antiguo Salón Típico Los Higuerones y lo invitaron a tomar unas cervezas.

“Yo les dije que no, pero ellos insistieron. Les expliqué que no tenía dinero y me dijeron que me invitaban y acepté. Cuál fue mi sorpresa que cuando iba hacia ellos, sentí un terrible asco y muchas nauseas, entonces vino a mi memoria lo que le había dicho al Señor el día de mi conversión y solo los saludé, me despedí y nunca más volví a probar el licor”, testifica don Raúl.

Un grupo de oración en la clínica

Muy pronto Raúl Gómez se convirtió en un líder espiritual en la Clínica Jiménez Núñez. Paulatinamente fue formando un grupo de oración, que con el tiempo se consolidó y donde muchos compañeros llegaron a los “pies del Señor”.

En esta institución dirigió un pequeño periódico, donde en la última página tenía una reflexión espiritual bajo el título “Dios nos habla hoy”, la cual tuvo mucha aceptación en los funcionarios de la clínica.

Tiempo después, don Raúl Gómez llegaría a ocupar la fiscalía de Asocriip, donde estuvo colaborando por un lapso aproximado de cuatro años, hasta llegar a su jubilación.