Se llama Francisco Meléndez Castillo, pertenece a la iglesia Fuente de Vida Eterna, pastoreada por Ocliver Porras en Curridabat. Él regularmente acompaña a esta congregación cuando les corresponde coordinar el culto general del Hospital México.

Que tenga que ir en silla de ruedas, no es para  él un obstáculo, por cuanto disfruta en demasía estar en estas reuniones. Afirma que aunque no tenga piernas, eso no le impide alabar al Señor y asistir a actividades cristianas.

Pero Meléndez no nació así, sus extremidades inferiores las perdió laborando como guardia civil en Limón, cuando las autoridades respectivas requerían demoler un viejo edificio de dos pisos de la guardia rural  y no tenían suficiente presupuesto para contratar personal especializado para tales fines, por lo tanto, recurrieron a los mismos policías, especialmente a aquellos que tenían alguna experiencia en al área de la construcción.

Todo ocurrió cuando un grupo de ellos demolían con maso, pico y pala la parte baja, al tiempo que una persona operaba una máquina excavadora, más conocida como bajob.

Pero hubo un accidente, esta máquina se volcó, trayendo consigo en forma violenta  parte de la segunda planta del edificio y con ella una gran viga que se vino y golpeó a tres de los obreros. Dos salieron ilesos, pero el mayor peso recayó en Francisco, a quien el impacto le prensó las piernas.

De Limón lo pasaron al Hospital Calderón Guardia, pero ahí se negaron  a atenderlo por cuanto no pertenecía a esa región, entonces lo llevan al San Juan de Dios, el cual tampoco asumió responsabilidad y lo remitieron a un albergue del Instituto Nacional de Seguros (INS), pero aquí lo devolvieron otra vez al San Juan de Dios.

Todo ese tiempo perdido, fue sumando en su contra, a tal grado que, cuando ya en este nosocomio decidieron operarlo, sus piernas tenían una gangrena muy avanzada, por lo tanto hubo que amputárselas. Aun cuando el diagnóstico inicial era que una pierna se podía salvar.

Posteriormente estuvo un año en este centro hospitalario y otro en el INS, sumando dos largas temporadas encerrado entre paredes de edificios. Tenía 33 años cuando le ocurrió esta tragedia,  eso fue en 1981, actualmente tiene 71.

“Ahora vivo para Dios y soy muy feliz, comentó.

Su encuentro con Dios

Francisco Meléndez, viene de una familia muy pobre, su padre tomaba demasiado licor, lo cual hacía que casi todo el dinero que le ingresaba se le fugaba en ese consumo, provocando constantes desahucios en el hogar, porque nunca había recursos para pagar el alquiler, ni para comida. De tal forma que su madre tuvo que distribuir a algunos de los hijos con familiares, para que le ayudaran a criarlos, en virtud de la situación económica tan paupérrima que tenían.

Él llegó hasta quinto grado, no pudo seguir estudiando porque debía ayudar a su mamá a subsistir.

Pero eso lo llevó también al licor y a las mujeres, como parte de la vida cotidiana. Por lo tanto consecuentemente, tuvo problemas en sus intentos de tener una estabilidad en sus relaciones de pareja.

Años después, aun cuando ya había sufrido este accidente, sus malas costumbres aprendidas seguían siendo parte de su vida . En esta plática con Noti-Asocriip, él narra que laboraba en un lugar supervisando el uso de futbolines, donde siempre escuchaba las alabanzas que provenían de la iglesia que está ubicada al frente de dicho negocio.

Su pastor Ocliver Porras y los miembros de la iglesia, comenzaron a decirle, “estamos orando por usted”, eso lo hacían una y otra vez.

También lo invitaban a la congregación con regularidad, hasta que en una ocasión decidió entrar. La verdad que su vida había sido demasiado trágica, por lo tanto pensó que tal vez Dios podría tener misericordia de él.

A veces iba, duraba un tiempo y luego volvía y así estuvo como tres años, hasta que un día fue quebrantado por el Espíritu del Señor y desde entonces ha permanecido fiel, adorando y sirviendo a Dios con gratitud.

Francisco ahora, entiende que todo opera para bien y agradece al Señor por cada minuto de su existencia, exhortando a todos los que tienen sus piernas, para que las valoren y agradezcan al Cielo por esa bendición.

“Muchos teniendo su cuerpo completo y sano, lo piensan para ir a un lugar de adoración y ponen muchas excusas, pero es porque a veces no se valora lo que se tiene, hasta que se pierde”, dijo Francisco Meléndez a Noti-Asocriip.