Quien así habla es Jeannette Coto Solano, del equipo de apoyo del Hospital México, donde con gran pasión colabora desde hace muchos años.

Pero pese a que en la actualidad disfruta de su vida en Cristo y asiste junto con don José Álvarez, su esposo, a la iglesia, su vida no siempre fue así.

Un abuso en su juventud por parte de un familiar muy cercano, la llenó de odio y resentimiento, afectando seriamente su autoestima, algo que sin darse cuenta ella,  aprovechó el mundo de las tinieblas para llevarla a laborar como bailarina a un club nocturno de la capital costarricense.

Así transcurrió buena parte de su vida, en medio de movimientos exóticos, hombres lujuriosos, licor y drogas.

Pero algo extraño comenzó a pasar en ese centro josefino, paulatinamente empezaron a matar a las mujeres que trabajaban ahí, sin que nadie tuviera una respuesta de quien era el sicópata que lo estaba haciendo.

Eso llenó de temor a Jeannette y en medio de su desesperación le hizo una oración a un Dios que no conocía, “Señor si tu me das una casa donde yo pueda vivir con mis dos hijos y un marido, yo dejo esta vida”.

Esa misma noche un hombre muy borracho, cuando ella había dejado de bailar e iba para su camerino, lanzó una botella de cerveza con toda fuerza dirigida hacia Jeannette, pero milagrosamente, cuando la vio venir por el espejo, se agachó. Cree que con la fuerza que había sido lanzada, si le hubiera dado, la mata.

Eso la hizo pensar, que de verdad ese ambiente ya no era para ella y que Dios tenía algo mejor en su vida.

La casita, su primera respuesta

Entonces convino con el dueño del centro nocturno en que en lugar de todos los días, solo iría los sábados, de esa manera comenzó a disminuir sus visitas al lugar.

Meses después, su madre llegó al humilde lugar donde Jeannette alquilaba y le trajo un telegrama que decía que una institución del Estado le otorgaba una casa en Hatillo 6.

Esa fue una gran noticia para ella. Ese mismo día fue a comprobar el hecho y en efecto había calificado para tales fines.

Sin duda  esa fue la primera respuesta a la oración al Dios no conocido, pero que de momento le estaba dando muestras de que la amaba y que contesta las oraciones.

Tiempo después conoció a José Álvarez, un empleado del Hospital México, que se acercó a ella y le propuso hacer una familia juntos. Esa fue la segunda respuesta.

Él habló sobre mis pecados ¿quién se lo dijo?

Pero, aunque todo parecía marchar bien, con las dos oraciones respondidas, vino un problema económico. Don José había fiado a dos personas y ambas le quedaron mal. Un comunicado de embargo de salario, le avisaba que la situación económica de la familia se iría abajo y ella tendría que comenzar a buscar trabajo para ayudar a la casa.

El día siguiente ella se alistó para ir tras un empleo, pero llegando a Hatillo 6, escuchó unas lindas canciones en una iglesia bautista. Eso extrañamente alegró su corazón y decidió entrar.

Un predicador negro hablaba de una mujer pecadora de la Biblia, pero como ella llegó tarde al mensaje comenzó a sentir que todo lo que aquel hombre decía era un relato de su vida.

Eso fue un miércoles, ella salió molesta, pero a la vez con cierta paz en su corazón. Preguntó cuando era la próxima reunión y decidió regresar el sábado al culto de jóvenes.

Ese día un predicador norteamericano también habló de los pecados y ella volvió a sentirse aludida, por lo tanto, decidió salirse, pero una voz le habló y le dijo “te sientas y te quedas”.

Eso fue algo sorprendente, ella nunca había escuchado una voz así y con tanta fuerza que la obligó a quedarse.

Entonces regresó el domingo. Ya en el culto en medio de las canciones, hubo un momento en que la letra de uno de los cantos la conmovió “Pecador, ven a Cristo y feliz para siempre serás”, la congregación la cantaba una y otra vez y una fuerza extraña la hizo pasar adelante.

Allí alguien entendió el mover de Dios y la ayudó a hacer una confesión de fe, entregando su vida a Jesús.

Cuando aquel momento terminó, muchos miembros de la iglesia vinieron y la abrazaron. Esa fue una escena que Jeannette tiene grabada como un lindo recuerdo en su vida.

Pero vino otra vez la parte “fea”, a aquel pastor negro le tocó predicar otra vez y era como si estuviera relatando una película de la vida pecadora de esta mujer.

El lunes siguiente  este pastor la fue a visitar, porque era una costumbre  cuando alguien nuevo se convertía al Señor.

Ese día Jeannette le dijo, “que dicha que vino, porque a usted alguien le ha contado todo sobre mi vida y me parece muy cruel que se aproveche del púlpito para tirarme cosas”.

Pero la respuesta amable de aquel predicador la hizo entender, que él no sabía nada de la vida de ella y que era el Espíritu Santo quien le estaba hablando y que tan solo tenía que hacer las correcciones que Dios le estaba demandando.

Esa reunión marcó un cambio radical en ella, por cuanto ambos líderes, el norteamericano llamado Jeff y el pastor negro de nombre Wálter, cuyos apellidos ella no recuerda, le dieron un programa de tutoría espiritual por cuatro años, hasta que lograron consolidar su vida. Todo esto fue hace 40 años.

Al grupo de apoyo

Con el tiempo, también su esposo entregó su vida a Jesucristo y como él laboraba en el Hospital México, muy pronto se integró al grupo de oración de este centro hospitalario.

Con los años  doña Jeannette, se unió al grupo de apoyo y en la actualidad ambos le sirven al Señor en este ministerio de Asocriip.